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3D / Estereoscopía / Visión libre / Anaglifo

Cómo ver en 3D sin gafas (visión paralela y cruzada)

«3D sin gafas» se usa para tres cosas que no tienen nada que ver entre sí. Esta es la que funciona en cualquier pantalla que ya tengas: una forma práctica de aprender a fusionar, la regla de tamaño que decide si es posible y qué hacer cuando no sale.

Alguien te manda una imagen partida en dos mitades casi idénticas y te dice que relajes la vista hasta que salte el 3D. Miras fijamente. No pasa nada. Un minuto después te duelen los ojos y cierras la pestaña. El consejo no es falso. Solo se salta todo lo que decide el resultado: cuánto puede medir la imagen, a qué distancia debe estar la pantalla, dónde mirar mientras esperas y cómo saber si lo has conseguido. Eso es lo que llena este artículo. Antes conviene aclarar algo: «3D sin gafas» se aplica a tres técnicas que apenas tienen relación entre sí.

El mismo nombre para tres cosas distintas

  • La pantalla de la esquina del edificio. Un gato asoma desde un LED en forma de L y todo el mundo lo graba. Esa pantalla les enseña la misma imagen a tus dos ojos. La profundidad viene de una perspectiva dibujada para una posición concreta del espectador, más el canto real del panel. De pie delante, tus dos puntos de vista no paran de avisarte de que aquello es plano, y por eso el efecto aguanta mejor a través de una sola lente de cámara que en persona. No hay nada estereoscópico en ello, y tampoco se puede sacar de un vídeo plano corriente, porque está compuesto para una forma de pantalla y un punto de vista determinados.
  • Pantallas que separan las imágenes por hardware. Una lámina lenticular o una barrera de paralaje mandan unas columnas de píxeles a tu ojo izquierdo y el resto al derecho. Eso sí es estereoscopía real, pero exige esa pantalla concreta: la vieja Nintendo 3DS, las impresiones lenticulares, algún monitor y algún portátil.
  • Un par estereoscópico que fusionas tú. Dos vistas de la misma escena, una al lado de la otra, y la separación que haría el hardware la hace la orientación de tus propios ojos. Sin equipo y en pantallas corrientes, incluida la que tienes en la mano. De esto trata el resto del artículo, y es la única de las tres que puedes empezar ahora mismo sin comprar nada.

Hay algo más que se cuela en la misma conversación: las fotos y los vídeos espaciales que graban los móviles recientes para verlos en un visor. También llevan una vista para cada ojo, pero no son archivos lado a lado: vienen en contenedores propios con metadatos estereoscópicos, HEIC para las fotos y MV-HEVC para el vídeo. Exportados a un par lado a lado sí se convierten en el tipo de imagen del que va este artículo. Y para verlos en un visor, lo que cuenta es qué formato y qué orden de ojos espera ese reproductor.

Conviene nombrar otras dos técnicas, porque resuelven lo mismo sin pedirte ninguna habilidad. El anaglifo rojo-cian le pasa la separación a unas gafas de cartón. El GIF wiggle alterna entre las dos vistas varias veces por segundo y no necesita nada: la pista de profundidad la da el movimiento, así que incluso se lee con un solo ojo.

Qué tienen que hacer tus ojos

Tus ojos están separados unos 6 cm, así que cada uno recibe una vista ligeramente distinta y el cerebro lee esas diferencias horizontales como profundidad. Un par lado a lado reproduce eso a propósito: la mitad izquierda es la escena vista desde unos centímetros más a la izquierda que la mitad derecha. Basta con meter una mitad en cada ojo y la profundidad viene sola.

La dificultad está en que el ojo hace dos trabajos distintos y normalmente los hace a la vez:

  • enfocar (acomodación): el cristalino cambia de forma según la distancia de lo que miras
  • apuntar (vergencia): ambos ojos giran para que las dos líneas de visión se crucen en el mismo objeto

Miras algo cercano y ambas se acercan. Miras algo lejano y ambas se alejan. Están acopladas, que es justo lo que quieres en la vida diaria y justo lo que estorba aquí. Fusionar sin gafas consiste en enfocar en la pantalla mientras apuntas a otro sitio. Ese es todo el truco. No tiene nada que ver con la fuerza de los ojos, y apretar más no hace que llegue antes: solo estás desenganchando un rato dos reflejos que pasan el día atados.

Hay dos sitios a los que apuntar:

  • Visión paralela: apuntas más allá de la pantalla, como a algo lejano detrás de ella. La vista del ojo izquierdo tiene que estar a la izquierda.
  • Visión cruzada: apuntas por delante de la pantalla, con los ojos ligeramente cruzados. Las mitades van intercambiadas: la vista del ojo izquierdo pasa a la derecha.

Un mismo archivo no sirve para las dos. Con el método equivocado el par se fusiona igual y sigue pareciendo muy tridimensional, pero con la profundidad del revés. Es fácil no darse cuenta, así que más abajo hay una comprobación para eso.

La regla de tamaño que decide si la visión paralela es posible

Antes de la técnica, geometría. En un par lado a lado, un mismo detalle aparece en la mitad izquierda y en la derecha separado por una distancia fija sobre el cristal: aproximadamente el ancho de media imagen. Llamemos s a esa separación e I a la distancia entre tus pupilas.

  • Si s es igual a I, tus líneas de visión quedan exactamente paralelas al caer sobre los puntos que se corresponden. Y esto vale a cualquier distancia de visión, porque s mide los mismos milímetros con la pantalla a 5 cm o a 50 cm.
  • Si s es menor que I, necesitas converger un poco y la imagen fusionada se sitúa por detrás de la pantalla. Sin problema.
  • Si s es mayor que I, tendrías que girar los ojos hacia fuera más allá del paralelo. El margen que tenemos en esa dirección es pequeño. Un par bastante más ancho que tus pupilas deja de fusionarse, y uno solo un poco más ancho resulta incómodo en el mejor de los casos.

La distancia interpupilar (DIP) de un adulto ronda los 63 mm de media, y la mayoría de la gente queda entre unos 55 y 70 mm; en los niños es menor. De ahí sale la regla práctica de la visión paralela, deliberadamente conservadora: con una regla apoyada en la pantalla, mantén cada media imagen en unos 6 cm de ancho o por debajo. No es un umbral exacto. Tu propia distancia interpupilar, cuánta disparidad lleve el par y dónde esté su plano de pantalla lo mueven en un sentido u otro. Quedarse dentro solo sirve para que el intento salga de forma fiable.

Ese número explica casi todos los fracasos. Un móvil en vertical mide unos 7 cm de ancho, así que cada mitad de un par a pantalla completa ocupa unos 3,5 cm. Eso queda holgadamente dentro del límite, y por eso la primera vez que alguien lo consigue suele ser en el móvil. El mismo archivo a pantalla completa en un monitor de 27 pulgadas deja cada mitad en unos 30 cm. Es cinco veces el límite. A esa distancia no lo arreglan ni entornar los ojos, ni más resolución, ni más práctica. Mide en milímetros, no en píxeles. Un píxel CSS equivale nominalmente a 1/96 de pulgada, así que 63 mm son unos 240 píxeles CSS. Pero cada dispositivo escala a su manera y esa cifra no es de fiar.

Dos apuntes más. Para saber tu I, ponte frente a un espejo con una regla apoyada en la frente y lee la distancia entre los centros de las pupilas. También la tienes en la DIP de la receta de tus gafas. Y la visión cruzada no está limitada de la misma forma, porque se puede converger mucho más de lo que se puede divergir; por eso suele ser la salida en un portátil, una tele o un proyector. Tampoco es ilimitada: cuanto más ancho es el par y más disparidad lleva, más convergencia pide, y la comodidad se agota antes que la geometría. Además cruzar los ojos es esfuerzo activo, mientras que el paralelo está cerca del reposo, así que cansa antes.

Método A: empezar cerca y alejarse (móvil, visión paralela)

Es la entrada más suave, y funciona porque aprovecha la geometría de arriba en lugar de pelearse con ella. También sale mejor que el consejo de siempre, que es sostener la imagen con el brazo estirado e intentar relajarse.

Prepara antes el terreno, porque cualquier interrupción te devuelve al principio. Elige un par cuyas mitades midan menos de 6 cm. Sube el brillo, bloquea la rotación de pantalla y silencia las notificaciones. Y siéntate donde ninguna lámpara se refleje en el cristal.

  1. Acerca el móvil hasta casi tocarte la nariz. La imagen se ve borrosa y doble. Ese es el estado que buscas, no un fallo. A esa distancia la mayoría de los ojos adultos ni siquiera puede enfocar, y en cuanto el enfoque se rinde deja de arrastrar la mirada hacia dentro.
  2. Deja de mirar la imagen. Que la vista atraviese el móvil, como si el sujeto fuera la pared del fondo. Aguanta ahí de diez a veinte segundos. Parpadea con normalidad. Aguantar con los ojos abiertos solo los reseca, y si un parpadeo te devuelve los ojos a su sitio, lo único que pierdes es la espera.
  3. Aléjalo de dos en dos centímetros, con varios segundos en cada paso y sin buscar todavía la imagen. Alejarlo no lo complica, lo facilita. Las dos mitades siguen separadas los mismos milímetros. Cuanto más lejos está la pantalla, más cerca del paralelo acaban tus ojos, y cualquier desviación pequeña se reduce en términos angulares. Y en cuanto las dos mitades quedan enganchadas, los ojos siguen ese cambio lento por su cuenta: por eso funciona retroceder a pasos cortos y no de una vez. La mayoría acaba entre 25 y 40 cm, la distancia normal a la que se mira el móvil.
  4. Cuenta copias en vez de juzgar la imagen. Dos mitades vistas por dos ojos dan cuatro imágenes. Cuando las dos centrales se montan una sobre otra ves tres, y la del medio es la imagen estereoscópica. En cuanto la cuenta baje a tres, deja de moverte.
  5. Quédate quieto y deja que el enfoque vuelva solo. La nitidez llega un instante después de la fusión, y la profundidad suele venir con ella. No persigas la nitidez; te alcanza sola.
  6. Para a la primera molestia. Insistir no aporta nada, y fusionar es más una costumbre que una capacidad.

Una vez enganchado, aguanta más de lo que parece. Deja que la imagen se asiente un segundo o dos antes de ponerte a mirar dentro, y mueve la vista despacio cuando lo hagas. Un salto rápido a una esquina es lo que suele romperlo. Y si se rompe, la segunda vez vuelve antes.

Si es tu primera vez, hazlo con una foto fija y no con un vídeo. Una imagen te da tiempo ilimitado y un objetivo que no se mueve; un clip te cambia la profundidad debajo mientras todavía estás aprendiendo a sostener la mirada.

Sobre cuánto se tarda: hay quien lo consigue en menos de un minuto y hay quien necesita varias sesiones repartidas en unos días. Que falle el primer intento no dice absolutamente nada. Van mejor varios intentos cortos que uno largo, porque la fatiga se acumula y los ojos dejan de colaborar.

Método B: el dedo (pantallas grandes, visión cruzada)

A la mayoría le sale antes la visión cruzada, y como no la limita la divergencia, en un monitor de escritorio suele ser la opción realista. Reducir la imagen también ayuda aquí: un par ancho y con mucha profundidad pide mucha convergencia.

  1. Levanta un dedo más o menos a mitad de camino entre tus ojos y la pantalla, delante de la junta entre las dos mitades.
  2. Enfoca la yema del dedo. La pantalla del fondo se desdobla y se ablanda.
  3. Mueve el dedo despacio hacia ti o hacia la pantalla hasta que las dos copias del fondo se junten y veas tres.
  4. Deja el dedo quieto, mantén la mirada exactamente donde está y lleva la atención (no la mirada) a la copia central. Después retira el dedo despacio.

El precio es el cansancio: la convergencia es esfuerzo muscular, así que una sesión cruzada agota antes que una paralela. Mucha gente aprende primero la cruzada, porque sale en un par de minutos, y más adelante añade la paralela por comodidad y porque es la disposición que suelen esperar los visores.

Comprobar que lo estás viendo del derecho

Un par visto con el método equivocado se fusiona igual y parece igual de tridimensional. Lo que ocurre es que la profundidad está del revés: lo cercano se lee como un hueco y el fondo se planta delante como una pared. Y se acepta sin darse cuenta, así que conviene comprobarlo a conciencia.

Elige algo de la imagen que sepas que está cerca: una cara, una mano, un poste en primer plano. Si lo ves como un agujero abierto en la escena, estás viendo en cruzado un par pensado para paralelo, o al revés. Cambia de método o vuelve a exportar el archivo con las mitades intercambiadas.

Señales de que va bien: los bordes de la copia central son únicos y limpios, sin fantasmas, y el texto pequeño se lee. A los pocos segundos, un movimiento leve de la cabeza ya no rompe la fusión.

Hay algo que puedes resolver antes de empezar: qué tipo de par tienes delante. Los archivos que exporta una herramienta suelen decirlo en el nombre, con un sufijo parallel o cross. Un par publicado para un visor suele ir en paralelo. Aun así, cada reproductor espera un formato y un orden de ojos distintos. Cuando no lo dice nada, no lo adivines: fusiónalo de una manera, haz la comprobación de arriba y cambia de método si la profundidad sale del revés.

Cuando no sale

Más o menos por orden de frecuencia real. Los tres últimos no son causas, sino soluciones de rodeo y límites.

  1. La imagen es demasiado ancha para visión paralela. Esta es la respuesta a casi todos los «en el móvil lo veo y en el monitor no». Reduce la imagen hasta que cada mitad baje de 6 cm, o pásate a visión cruzada. Reducir sale rentable dos veces, porque todos los desplazamientos del par encogen con ella.
  2. Estás intentando mirar la imagen. Hasta que la cuenta baje a tres, el contenido solo distrae. Mira el número de copias, no el contenido.
  3. Llevas la cabeza inclinada. El ojo tolera bien un desplazamiento horizontal y muy mal uno vertical. Con unos pocos grados de inclinación, parte de la separación horizontal se convierte en vertical, y con eso basta para que el par no enganche. Mantén la línea entre tus ojos paralela a la junta entre las dos mitades. Conviene revisarlo siempre que sostengas la pantalla con una mano.
  4. El par lleva demasiada disparidad. Una conversión agresiva puede pasarse de lo que eres capaz de fusionar, que es la otra mitad de por qué ayuda reducirla. También cuenta dónde puso el autor el plano de pantalla. Si el fondo de la escena queda a la altura de la pantalla, todos los desplazamientos son disparidad cruzada: la imagen flota hacia ti y nunca te pide divergir.
  5. La corrección visual. Usa la que lleves siempre, porque un astigmatismo sin corregir emborrona las copias justo donde las necesitas nítidas. Las lentes progresivas y bifocales tienen potencias distintas en zonas distintas del cristal y te complican el aprendizaje; con monofocales o lentillas cuesta menos.
  6. Reflejos y brillo bajo. Cualquier reflejo en el cristal añade su propia imagen doble y compite con las copias que estás contando. Y con poco brillo los bordes se ablandan, así que cuesta más ver si las dos ya se han montado.
  7. Usa una ayuda física. Una cartulina apoyada en perpendicular a la pantalla, con el canto en la junta entre las dos mitades y el otro extremo contra la nariz, garantiza que cada ojo vea solo su mitad. Es visión paralela sin la parte difícil, aunque el límite de tamaño sigue en pie: la cartulina evita que apuntes a la mitad equivocada, pero no hace que tus ojos puedan divergir. Un visor de cartón barato hace lo mismo con lentes, y además alivia el conflicto entre enfoque y vergencia.
  8. Hay quien no puede, y no se arregla practicando. El estrabismo, la ambliopía, una diferencia grande de graduación entre ambos ojos o un antecedente infantil de cualquiera de ellos pueden dejar la estereopsis fina débil o ausente. Las estimaciones de cuánta gente está en ese caso varían bastante según la prueba y el umbral que se usen. Si los pósteres tipo Magic Eye tampoco te funcionaron nunca, vale más comentarlo con un oftalmólogo u optometrista que seguir insistiendo. Y no te quedas fuera del tema: el GIF wiggle transmite profundidad por paralaje de movimiento, que es una pista monocular y no necesita fusión alguna.
  9. No fuerces. Fusionar sin gafas rompe a propósito el vínculo entre enfoque y vergencia. Sostener esa separación es lo que acaba produciendo molestia, y algún dolor de cabeza. Al principio, sesiones de un par de minutos, y se deja en cuanto incomoda.

De dónde salen estas imágenes

Antes, un par estereoscópico exigía dos objetivos o, como mínimo, mover la cámara entre dos disparos. Ya no hace falta. Un modelo de profundidad estima la distancia relativa de cada píxel de una foto corriente. Lee las mismas pistas que lees tú: oclusión, perspectiva, densidad de la textura, tamaño relativo. Con esa estimación se sintetiza el segundo punto de vista desplazando los píxeles en horizontal en proporción a su profundidad: los cercanos se mueven más que los lejanos. Así es como una foto que hiciste con el móvil hace años se convierte en un par estereoscópico.

Hay dos cosas que salen mal, y conviene distinguirlas, porque solo una tiene arreglo en un control deslizante:

  • El modelo lee mal la escena. Reflejos, cristales, una foto impresa dentro de la foto, mucho desenfoque de movimiento. Cuando pasa esto no hay ajuste que lo salve. Mira el mapa de profundidad, donde lo cercano es claro y lo lejano oscuro: ahí el error salta a la vista y en el par terminado casi no se nota.
  • Desplazar los píxeles descubre lo que la cámara nunca registró. Esos huecos aparecen siempre en el borde de los objetos cercanos y se rellenan a partir del fondo contiguo. Discretos con una intensidad prudente y evidentes si se fuerza. El pelo y las estructuras finas son los casos difíciles.

Así que, para material pensado para ver sin gafas, conviene una intensidad moderada. Y el plano de pantalla al fondo de la escena, para que todos los desplazamientos queden en disparidad cruzada. Puedes probarlo en el conversor de fotos a 3D, que saca de una misma foto el par lado a lado, el anaglifo, el GIF wiggle y el mapa de profundidad. El mismo tratamiento aplicado fotograma a fotograma es lo que hace el conversor 3D estereoscópico. Los dos funcionan dentro de la pestaña, así que no se sube nada.

Elegir formato según quién va a mirar

FormatoQué necesita quien miraLímite de tamañoQué cuesta
Lado a lado, paraleloSaber fusionar, o un visor o estereoscopioMedia imagen que no pase de tu DIPNada al color; además es la disposición que suelen esperar los visores
Lado a lado, cruzadoSaber fusionarLa divergencia no lo limita, pero un par ancho y profundo cansaMás esfuerzo
Anaglifo rojo-cianUnas gafas de cartónNingunoFidelidad de color y algo de imagen fantasma
GIF wiggleNada en absolutoNingunoEs movimiento, no estereoscopía; el vaivén puede molestar y el GIF pesa

Si vas a enseñarle la imagen a otra persona, el wiggle es el único de esta tabla que no le pide ni equipo ni destreza, y eso suele pesar más que la fidelidad.

Una lista de comprobación

  1. Para visión paralela, deja cada mitad en unos 6 cm sobre el cristal o por debajo. Mídelo con una regla en vez de estimarlo en píxeles, y tómalo como punto de partida conservador, no como umbral exacto.
  2. Empieza cerca y borroso, y retrocede despacio. No arranques a distancia de lectura intentando relajarte.
  3. Cuenta copias. Tres significa que estás bien orientado, y la del medio es la imagen.
  4. Confirma el sentido de la profundidad con algo que sepas que está cerca, porque un par invertido parece igual de tridimensional.
  5. Convierte con moderación y pon el plano de pantalla al fondo en los pares para visión paralela.
  6. Mira el mapa de profundidad antes de culpar a tus ojos. Una escena mal leída no se fusiona en nada correcto.
  7. Aprende con una foto fija y pasa después al vídeo.
  8. Para cuando moleste. La próxima vez llega antes.

Una vez que sale, cada vez cuesta menos. La difícil es la primera, así que conviene tener una imagen lista para ese momento. Pasa una foto tuya por el conversor de fotos a 3D, deja las mitades pequeñas y empieza con la nariz casi pegada a la pantalla.